domingo, 12 de agosto de 2012

El pop pasó por el filo de una navaja científica


Existen dos fuerzas en constante choque. Por un lado está la de aquellos que creen en la obra que parte de la inspiración. Es un movimiento que busca preservar la libertad de quien necesita manifestarse e intenta hacerlo sin presiones.

Pero la vertiente poderosa corresponde a quienes consideran que la construcción debe comenzar por el público. Lo musical se somete a un filtro de marketing que involucra, sobre todo, la utilización de patrones rítmicos y melódicos que han probado su éxito comercial.

Al Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España le dio por estudiar el mainstream mundial desde 1955 hasta 2010, aplicando un algoritmo a 464.411 canciones de una base de datos creada por la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. El objetivo fue descubrir hasta qué punto se han producido piezas que representen verdaderas novedades en el negocio musical.

Joan Serrà y un grupo de colaboradores descubrieron el agua tibia y publicaron el hallazgo en la revista Scientific Reports: "Según los patrones analizados, las transiciones entre los grupos de notas han disminuido de forma continua durante los últimos 55 años.

Estos parámetros musicales son como las palabras de un texto y hemos observado que cada vez hay menos palabras diferentes. Dada una nota musical, es relativamente más fácil predecir cuál será la siguiente en una canción actual".

De acuerdo con Serrà, realizar el mismo estudio, sin instrumento científico y con grupos de personas escuchando los temas, hubiera tomado 16 años, si pudieran estar como el mono vigilante de Toy Story 3, trabajando los 365 días del año y las 24 horas del día.

A propósito del informe divulgado por El País, el crítico del mismo diario español Javier Sampedro cuenta que un día, entre la cocina y la sala, descubrió que las melodías de "It’s Only Love" (Help, 1965) y "Being the Benefit of Mr. Kite" (de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, 1967), ambas de The Beatles, eran básicamente la misma.

En medio de la sorpresa, se hizo tres preguntas: "¿Habría descubierto esa relación el algoritmo del Consejo de Investigaciones Científicas? No. Segunda: ¿lo llegará a descubrir un día algún algoritmo más refinado? Por supuesto que sí. Tercera: ¿y qué? Quiero decir, ¿habrá cambiado en algo nuestra percepción de los Beatles ­o mi beatlemanía­ cuando llegue ese día y el algoritmo pille in fraganti a John Lennon? La respuesta es no. La primera seguirá siendo una canción desesperada de amor (...) y la segunda seguirá sonando como una fantasía delirante emanada de un tiovivo (carrusel)".

El arte de calcar. Aunque el CSIC apunta a algo más profundo, en las canciones de Lady Gaga identifican constantemente rasgos de la música de Madonna. Por ejemplo, "Born This Way" es una nueva "Express Yourself", hasta en lo que sugiere la letra. Los ejemplos son muchos: Robbie Williams le debe la base de su hit "Rock DJ" a Barry White. Soda Stereo le debe el intro y los acordes de "Un misil en mi placard" ­en su versión de 1996­ a la banda Ride; y Shakira, especialmente desde Servicio de lavandería, le debe a mucha gente.

Algunas veces la similitud ha sido tal que el asunto ha derivado en demandas. Célebres son los casos de Coldplay, que tuvo que responderle al guitarrista Joe Satriani cuando editó Viva la vida (2008). También Michael Jackson tuvo que ceder ante Manu Dibango por la parte final de "Wanna Be Startin’ Something", que fue tomada del disco Soul Makossa del músico africano. Little Richard, quien en 1955 estaba trabajando en "Tutti Frutti", se ha pasado la vida reclamando la patente que "esos blancos" ­The Beatles y Elvis Presley, por ejemplo­ le arrebataron, aunque los de Liverpool y el Rey hayan agradecido ­y en el caso de Paul McCartney sigan agradeciendo­ las influencias.

No maten al mensajero. El músico e investigador Paul Desenne explica que los géneros ya no nacen con raíces históricas, étnicas y folklóricas, sino en laboratorios: "Cuando aparecieron las grabaciones, hubo una curva de creatividad, pero empezó a repetirse a sí misma. La gente que posee estudios generalmente tiene poca conciencia de la historia de las artes. Por la estructura de los códigos y los mensajes se abre un instrumento de expresión, y cuando todos lo han explorado se satura. La originalidad y la creación siempre van a ser chocantes y van a ser una cosa extraña".

Yumber Vera, columnista de El Nacional , cuestiona los re- sultados y se concentra en el rock: "Cada vez que la sofisticación se ha apoderado de culturas como ésta, siempre ha aparecido una tendencia que practica un golpe de Estado en el que proclama el regreso de la sencillez. ¿O el rock n’ roll, la madre de todos los géneros, no era así?".

"Lo mismo lo puedes ver en la historia de cualquier facción del arte", continúa el periodista: "Cuando el progresivo irrumpió con esas canciones infinitivas hechas a partir de teclados impagables llegó el punk y les dio un cachetazo. Y luego estuvo el rap, que es el punk de los negros (...) La experimentación sigue siendo una constante en la música popular contemporánea. Lo que sucede es que, a diferencia de en los años sesenta, cuando muchos de los jóvenes músicos provenían de escuelas de arte y de familias con buen poder adquisitivo, el hype proviene en estos tiempos de los suburbios y de los desplazados por el sistema.

Ahora esta nueva camada graba en su casa porque no tiene para pagar un estudio, y definió una estética sonora pero a partir de la necesidad".

Gerardo Guarache Ocque

No hay comentarios:

Publicar un comentario