domingo, 23 de septiembre de 2012

¿Ya está todo inventado en el mundo de la música?

 
Tres tipos se suben al escenario. Son Axis of Awesome, un grupo australiano dedicado a la comedia musical y se disponen a tocar un popurrí de 38 canciones. Todas ellas tienen algo en común. Todas, en su momento, fueron éxitos mundiales. Sin embargo, Jordan, Lee y Benny, los cómicos, se disponen a demostrar que la popularidad no es el único nexo de unión entre el With Or With Out You de U2, el Woman No Cry de Bob Marley, el Let It Be de los Beatles o el Poker Face de Lady Gaga, entre otros: para tocar las canciones emplean tan sólo cuatro acordes. Los mismos arpegios y en el mismo orden (VER VÍDEO).
Pese a tratarse de un gag simplista de la realidad, es entonces cuando la canción de ‘los cuatro acordes', vídeo viral con más de 24 millones de visitas en Youtube, golpea la fe en tus creencias musicales y te plantea una seria duda ¿Acaso todas las canciones son de alguna manera la misma canción? ¿Existen todavía terrenos por explorar o las nuevas composiciones no dejan de ser refritos de temas que ya existieron algún día en el pasado? ¿Ya está todo inventado en el mundo de la música?
"Rotundamente no", asegura Josep Lluís Arcos, del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial e integrante del equipo del CSIC que concluyó en un informe reciente que la música es cada vez más previsible. "Esto no implica que esté todo inventado. Lo que quizás indica es que al querer llegar a una población más amplia (más mercado) y de forma más rápida, se tiende a utilizar recursos musicales más estándares. Se tiende a arriesgar menos y a explotar más lo conocido", aclara. Si la música fuera un texto, indican, eso significaría que cada vez estamos empleando menos palabras.
Los músicos parecen estar de acuerdo con esta conclusión. "Creo que aún quedan formas por explorar pero la originalidad dependerá de la fuerza con la que los autores de dicha banda saquen a relucir sus particularidades", asegura Santi Balmes, líder del grupo Love of Lesbian. "Queda todo por explorar. Siempre se puede intentar comunicar de una manera más personal, genuina... sólo la imaginación provoca el acontecimiento", se suma la cantante Najwa. Para Nacho Mañó, integrante de Presuntos Implicados y productor, "los estilos musicales han ido evolucionando siempre a partir de fórmulas ya existentes. Lo que de verdad tiene valor es el aporte individual a este proceso de músicos con talento. Por supuesto que aparecerán nuevas fórmulas a partir de las actuales", afirma confiado.
Todos los artistas consultados por Público han coincidido al afirmar, no obstante, que de alguna forma las canciones que uno escucha desde pequeño quedan en el subconsciente y se pueden manifestar en las propias composiciones. "Decía Godard que los originales son plagiadores inconscientes", explica Ari, de la banda madrileña Hola a todo el mundo. "Nosotros tratamos de huir de las fórmulas que no nos gustan. Algunas que consideramos demasiado ortodoxas. Pero por otro lado, buscamos reproducir otras que si nos agradan. Por encima de todo buscamos identificarnos con lo que hacemos. A veces eso supone repetirse y otras cambiar".
La repetición de una serie de parámetros musicales, en este sentido, no tiene por qué suponer necesariamente un empobrecimiento de la música, explica Arcos. Visto desde un prisma positivo "se está consiguiendo transmitir más emociones con menos elementos. Se han encontrado unos recursos musicales que parecen gustar y se explotan cada vez más. Para llegar más es bueno que sea fácil de cantar (y recordar), lo que restringe y homogeneiza las melodías que se producen. Por ejemplo, un recurso es incluir fragmentos cortos que se van repitiendo en forma de leimotiv". Esto, asegura, facilita recordar una canción pero tiene como consecuencia una homogeneización de la misma, concluye. "Casi todos los músicos repiten sonidos, ritmos, ideas, estribillos, riffs que han hecho otros antes: Bob Dylan, los Beatles, los Rolling Stones se han inspirado en canciones del blues, el country, el soul y el rock ‘n ‘roll compuestas por Chuck Berry, Buddy Holly, Carl Perkins, Hank Williams y otros músicos menos conocidos. Y lo mismo siguen haciendo cientos de miles de músicos hoy en día", explica Jesús Ordovás, director del espacio Diario Pop, en Radio 3.
El informe presentado por el CSIC este pasado julio subraya que los cambios de acordes sencillos, los instrumentos comunes y el volumen fuerte son los ingredientes de la música actual. Realizar estos cambios sobre canciones antiguas "puede hacer que suenen a nuevas". En opinión de los investigadores, este proceso de homogeneización podría deberse a la fuerza de las modas, ya que se observa una tendencia a engancharse a la corriente dominante. "Yo no creo que esté todo inventado pero sí creo que lo mejor ya se ha hecho", explica Pancho Varona, uno de los músicos más reputados de nuestro país, productor y fiel escudero musical de Joaquín Sabina. "Estoy bastante de acuerdo con que el nivel de previsibilidad es mayor ahora. La gente cada vez innova menos y elige el camino fácil. Echo en falta gente que arriesgue", lamenta.
En el proceso de composición de los artistas existe, además, un terreno subconsciente, que en ocasiones, puede jugarte malas pasadas. "Todo lo que escuchamos queda archivado y puede volver a la consciencia", explica Ari. "Alguna vez al componer una canción hemos tenido la sensación de que ya existía y la hemos acabado desechando", apunta Dolo Beltrán, cantante del grupo catalán Pastora. Al parecer, se trata de un fenómeno bastante extendido. Balmes asegura que su grupo ha pasado por ese brete en varias ocasiones. "Se intenta diferenciar una influencia o guiño consciente de aquella melodía que causa una sospecha clara. Podemos pasarnos meses intentando descubrir de dónde viene y algunas veces te quedas sorprendido cuando averiguas que era un tema que escuchabas con cinco años". No son los únicos: "Cuanto mejor es la canción más piensas que ya debe estar hecho. O está muy bien o lo he copiado, piensas. A Joaquín (Sabina) también le ha pasado. Hasta cierto punto, es hasta lógico. La música son siete notas y en realidad son habas contadas", explica Varona.

¿Plagios o parecidos razonables?


Otra cosa muy diferente es cuando esa influencia se transforma en una voluntad de copiar algo que ya ha existido anteriormente. Lo que se conoce popularmente como plagio. Culpables o no, numerosos son los grupos que se han visto envueltos en este particular vía crucis. Los últimos han sido los británicos Muse, que han sido acusados de apropiarse de la obra del compositor Charles Bolfrass, que pide a la banda 2,7 millones de euros. No se escapa casi nadie de los grandes. El guitarrista Joe Satriani demandó a Coldplay por un presunto plagio de su tema If a Could fly, al considerar que el multiventas Viva la vida contenía extractos de su obra. El juez desestimó la acusación debido al acuerdo que alcanzaron las partes fuera de los tribunales. El guitarrista recibió un gratificante cheque a cambio de no tener que hablar más de este desagradable asunto.
Los artistas se muestran divididos en este tipo de casos. Están los escépticos y los que confían en los caprichos del azar a la hora de explicar extrañas coincidencias. "Todo el mundo lo hace en algún momento, otra cosa es que te pillen, si no que le pregunten al difunto George Harrison...", comenta Albaro Arizaleta, de El Columpio Asesino, una de las bandas independientes con mayor proyección del panorama musical. "No creo que tenga la intención de plagiar", replica Pancho Varona, al ser preguntado por la cuestión. "Estos grupos tan poderosos pueden saber que se parece a algo anterior y aún así tiran para adelante porque tienen tanta pasta que les da igual, pero no creo que haya ánimo de copiar".
Lo cierto es que no existen parámetros matemáticos para diferenciar lo que es plagio de lo que no. "Lo que no hacen los tribunales es definir criterios específicos", explica Iban Díez, abogado senior especialista en propiedad intelectual. Hay un componente subjetivo, explica, dado que todo el peso recae sobre los informes periciales que encargan las partes o el juez a expertos, profesores de universidades, de conservatorio o músicos de prestigio. No existe una frontera de notas o parámetros fijos que separen el plagio de la falsa acusación, respalda Federico Latorre, de Api, asesores en propiedad intelectual y experto en la materia.
Existe no obstante una sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona que, según Díez, podría establecer una especie de norma en este sentido, la conocida como regla del oyente medio, que se produciría cuando una persona sin necesariamente conocimientos musicales no es capaz de distinguir entre una canción de otra debido a sus similitudes. De momento no deja de ser una sentencia aislada que quizás en un futuro pueda sentar precedente si otros jueces deciden actuar por esa misma línea. En caso de duda al respecto, no habría delito, aclara. No obstante, apunta Latorre, "me cuesta mucho pensar que alguien se meta en un proceso judicial si no cree que tiene razón". En tiempos de crisis, los grupos pueden verse tentados de adueñarse de material ajeno con tal de no tener que pagar los derechos, continúa.
Los dos especialistas apuntan a que, pese a la mayor homogeneización en la música apuntada por el CSIC, no existe un mayor número de plagios por este motivo. Por mucho que se sigan determinados géneros musicales, como regla general, suelen existir particularidades en cada canción que sustentan dicha originalidad.
"Valoro mucho a los grupos que son capaces de cagarse en todo lo que ya se ha hecho anteriormente. Prefiero una locura, la gente que se expone a hacer el ridículo, a las canciones que suenan todas iguales, comenta Varona. "Sentarse una tarde a hacer cinco canciones malas es muy fácil. Yo conozco los acordes y es lo fácil. Lo difícil es estar cinco meses para sacar algo nuevo, algo bonito, algo valiente", continúa. La conclusión, apunta Iban Díez, puede ser que con el paso del tiempo, precisamente por el ritmo al que estamos viviendo, cada vez hay menos originalidad en el mundo creativo, pero en cualquier caso eso "no puede confundirse con el hecho de que haya un montón de ideas, de elementos comunes, del que prácticamente todos tiramos cuando creamos algo. La creación de la nada es imposible. Nunca lo ha sido y tampoco lo es ahora", culmina.

Fuente: http://www.publico.es

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